Fisuras, preciadas debilidades.
Por Ggo nacho elorza
Rocas sedimentarias que encontramos en superficie, en muchos casos tuvieron que soportar el peso de rocas más jóvenes sobre ellas. Gneis y esquistos metamórficos que se forjaron bajo ultra-presiones y altas temperaturas en las profundidades de la corteza. Y rocas volcánicas que erupcionan enfriando sus temperaturas de a veces hasta miles de grados para formar disyunciones columnares.
Bajo la correcta combinación de grado de deformación, temperatura, presión y cantidad de fluidos, las rocas tenderán a distintos comportamientos, pandeándose, plegándose y/o fracturándose.
Esta última entra en lo que los geólogos llamamos “Deformación Frágil” y su resultado son “Las Fisuras”.
Las hay desde tan finas como un pelo, imposibles de proteger inclusive con micro-stoppers, hasta las que reptamos en su interior sin poder empotrar todo nuestro cuerpo. Todas se encasillan dentro de la deformación frágil y están determinadas por la magnitud de los esfuerzos a las que fueron sometidas.
Los esfuerzos se presentan en una variada gama de estilos y magnitudes. Puede ser transmitido por tectónica, viajando a través de toda una “placa” que se desliza, montándose o colisionando con otra. O puede ser el resultado geológico de una rápida descompresión litostática en la cual el levantamiento y la erosión remueven la pesada columna de rocas sobreimpuestas.
Hablando de rocas heterogéneas en composición, las fisuras también se forman por la magnitud de erosión diferencial/disolución que las afecta. Es el caso de rocas estratificadas (areniscas, calizas, esquistos y a veces vulcanitas) las cuales presentan niveles o estratos más fáciles de erosionar que otros. Es el caso específico de las fisuras horizontales y alineación de huecos en “La Vigi”, donde nos encanta talonear; o fisuras verticales de “Calle 11” en San Juan.
Entrando en el terreno de rocas de arreglo composicional más homogéneo como granitos o areniscas no estratificadas, a veces podemos observar que sus fisuras muestran cierta organización espacial en su conjunto. Al describirlas como lineamientos de arreglos paralelos o semi-paralelos, llamaremos a estas “Diaclasas”. Son fracturas en las cuales el deslizamiento de un bloque/lado con respecto al otro es perpendicular al plano de debilidad.
En el caso de que el deslizamiento sea paralelo a la debilidad, estamos técnicamente ante la presencia de una “Falla”, no importa cuán grande o pequeña sea.
Tanto éstas como las Diaclasas se forman en todo tipo de rocas pero prevalecen –diaclasas- en rocas homogéneas no estratificadas.
Típicos ejemplos son los juegos de diaclasas en los granitos de Los Mogotes (CBA) o fisuras regularmente espaciadas en las areniscas de Indian Creek, Utah. También aparecen diaclasas en formas de escamas, placa/fisuras – estilo “Piel de Cebolla”- en granitos como el North Dome, Yosemite CA y cara norte y oeste del Fitz Roy, Patagonia Argentina.
Además de los factores geológicos tenemos las inclemencias climáticas, la erosión y la llamada cuarta dimensión: el Tiempo.
Como ejemplo, un mismo granito, con sus correspondientes diaclasas y fracturas, sometido a un clima cálido y lluvioso, dará mayormente fisuras redondeadas, efecto de disolución y meteorización de las mismas. Dando relieves y geoformas bochosas. Ahora, esta misma roca, en un clima frío/glaciar, con amplitudes térmicas considerables, mostrará fisuras netas con bordes angulosos (Frey y El Chaltén).
Comúnmente el agua al entrar en una fisura y luego congelarse (el hielo ocupa un 9% más de volumen que el agua) colabora con su apertura, esto conocido como “crioclastación”. Este fenómeno es muy común en zonas desérticas con grandes amplitudes térmicas entre día y noche (Socaire, Desierto de Atacama).
Algunas veces, y dependiendo de su historia geológica reciente, un macizo rocoso puede haber pasado por dos o más regímenes de erosión climáticos: por ejemplo uno glaciar/frio y uno fluvial/húmedo posterior. Tal es el caso del Valle de Cochamó.
De ahora en más y con un panorama más claro correspondería preguntarse:
¿Merece la pena poner chapas al lado una debilidad que la madre roca nos ofrece para que escalemos, luego de tanto esfuerzo a lo largo de su historia geológica?
He aquí justo el punto donde lo “natural” va de la mano de la escalada tradicional.
Inspiración_Alan Lester