28/04/2011

gEolOgía dE FisUras

Fisuras, preciadas debilidades.
Por Ggo nacho elorza

Rocas sedimentarias que encontramos en superficie, en muchos casos tuvieron que soportar el peso de rocas más jóvenes sobre ellas. Gneis y esquistos metamórficos que se forjaron bajo ultra-presiones y altas temperaturas en las profundidades de la corteza. Y rocas volcánicas que erupcionan enfriando sus temperaturas de a veces hasta miles de grados para formar disyunciones columnares.
Bajo la correcta combinación de grado de deformación, temperatura, presión y cantidad de fluidos, las rocas tenderán a distintos comportamientos, pandeándose, plegándose y/o fracturándose.
Esta última entra en lo que los geólogos llamamos “Deformación Frágil” y su resultado son “Las Fisuras”.
Las hay desde tan finas como un pelo, imposibles de proteger inclusive con micro-stoppers, hasta las que reptamos en su interior sin poder empotrar todo nuestro cuerpo. Todas se encasillan dentro de la deformación frágil y están determinadas por la magnitud de los esfuerzos a las que fueron sometidas.
Los esfuerzos se presentan en una variada gama de estilos y magnitudes. Puede ser transmitido por tectónica, viajando a través de toda una “placa” que se desliza, montándose o colisionando con otra. O puede ser el resultado geológico de una rápida descompresión litostática en la cual el levantamiento y la erosión remueven la pesada columna de rocas sobreimpuestas.
Hablando de rocas heterogéneas en composición, las fisuras también se forman por la magnitud de erosión diferencial/disolución que las afecta. Es el caso de rocas estratificadas (areniscas, calizas, esquistos y a veces vulcanitas) las cuales presentan niveles o estratos más fáciles de erosionar que otros. Es el caso específico de las fisuras horizontales y alineación de huecos en “La Vigi”, donde nos encanta talonear; o fisuras verticales de “Calle 11” en San Juan.
Entrando en el terreno de rocas de arreglo composicional más homogéneo como granitos o areniscas no estratificadas, a veces podemos observar que sus fisuras muestran cierta organización espacial en su conjunto. Al describirlas como lineamientos de arreglos paralelos o semi-paralelos, llamaremos a estas “Diaclasas”. Son fracturas en las cuales el deslizamiento de un bloque/lado con respecto al otro es perpendicular al plano de debilidad.
 En el caso de que el deslizamiento sea paralelo a la debilidad, estamos técnicamente  ante la presencia de una “Falla”, no importa cuán grande o pequeña sea.
Tanto éstas como las Diaclasas se forman en todo tipo de rocas pero prevalecen –diaclasas- en rocas homogéneas no estratificadas.
Típicos ejemplos son los juegos de diaclasas en los granitos de Los Mogotes (CBA) o fisuras regularmente espaciadas en las areniscas de Indian Creek, Utah. También aparecen diaclasas en formas de escamas, placa/fisuras – estilo “Piel de Cebolla”- en granitos como el North Dome, Yosemite CA y cara norte y oeste del Fitz Roy, Patagonia Argentina.
Además de los factores geológicos tenemos las inclemencias climáticas, la erosión y la llamada cuarta dimensión: el Tiempo.
Como ejemplo, un mismo granito, con sus correspondientes diaclasas y fracturas,  sometido a un clima cálido y lluvioso, dará mayormente fisuras redondeadas, efecto de disolución y meteorización de las mismas. Dando relieves y geoformas bochosas. Ahora, esta misma roca, en un clima frío/glaciar, con amplitudes térmicas considerables, mostrará fisuras netas con bordes angulosos (Frey y El Chaltén).
Comúnmente el agua al entrar en una fisura y luego congelarse (el hielo ocupa un 9% más de volumen que el agua) colabora con su apertura, esto conocido como “crioclastación”. Este fenómeno es muy común en zonas desérticas con grandes amplitudes térmicas entre día y noche (Socaire, Desierto de Atacama).
Algunas veces, y dependiendo de su historia geológica reciente, un macizo rocoso puede haber pasado por dos o más regímenes de erosión climáticos: por ejemplo uno glaciar/frio y uno fluvial/húmedo posterior. Tal es el caso del Valle de Cochamó.
De ahora en más y con un panorama más claro correspondería preguntarse:
¿Merece la pena poner chapas al lado una debilidad que la madre roca nos ofrece para que escalemos, luego de tanto esfuerzo a lo largo de su historia geológica?
He aquí justo el punto donde lo “natural” va de la mano de la escalada tradicional. 

Inspiración_Alan Lester